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- Hola abuela....¿cómo estás?- le pregunté mientras la abrazaba todo lo fuerte que ella podía soportar.
- Hola guapa-, me dijo sonriendo.
Me senté en el borde de la cama y pregunté de nuevo:
- ¿Cómo estás?
- Estoy bien, gracias.
Alargó la mano y me apartó el pelo de delante de los ojos, como siempre. Cogió una orquilla de la mesilla y me la dio.
- Póntela que no te veo los ojos.
Me la puse con un gesto cotidiano.
- Mira abuela te traje margaritas blancas, son las que te gustan , ¿no?.
- A mi me gustan todas.
Miró a mi madre.
- ¿Me puede traer agua, por favor?, tengo sed.
Yo me eché a reir.
- Abuela , ¿tratas de usted a tu hija?
- No es mi hija, es la enfermera que me cuida.
- Abuela , ¿quién soy yo?- le pregunté con un nudo en la garganta.
- Pues...ahora no caigo.
El día que mi abuela me olvidó se borraron los primeros cuentos, los bocadillos en el parque, los vestidos de lazos y mi bicicleta rosa.
Comments
cuanto le habría gustado a tu abuela saber que escribiste esto.
es muy triste pero entrañable.
biquiños.,
Ultimamente estas sembrada con los giros en el final de las historias, la verdad es que te ha quedado muy bien, excepto, si me permites la critica en la frase ·"con gesto cotidiano", no sé, no me pega que alguien lo diga de si mismo. Por lo demás maravilloso el uso del diálogo, esta tan bien que casi podrías prescindir de todo lo demás. Por cierto que hay un libro que he leido ultimamente
CARRETERAS HELADAS de JUAN MANUEL LOBO que esta escrito unicamente en diálogos y es muy ilustrativo sobre las posibilidades de esta técnica. En fin, no quiero aburrirte, me ha gustado mucho tu relato, un abrazo.