Luna mentirosa

Luna mentirosa, historias a la luz de la luna. Pero no te creas todo lo que la luna te dice

cuentos para la luna

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La señal

22August

-Cîri, en este mundo no hay cabida para gente como tu. Lo siento pero ha llegado el momento de ser drásticos. Es por eso que quisiera ingresarte unos días. Ha salido un nuevo tratamiento llamado Realixín y está dando muy buenos resultados con los inadaptados.

A Cîri le tembló el corazón. Miró a su alrededor buscando una señal de que aquel hombre estuviese equivocado, pero entre las torres de libros de psiquiatría y los archivos de almas perdidas, no encontró nada.



Y es que Cîri creía en las señales más que en el destino.

Para ella lo importante era dejarse empapar por las tormentas de verano cuando has perdido la esperanza o conocer el poder curativo de las palabras prohibidas o resolver los acertijos que una mirada esconde en el silencio. Le gustaban las llamadas a media noche que duran horas y sumergirse bajo el agua porque era el único lugar donde el miedo no se atrevía a molestarla. Sabía que los osos polares son zurdos o que las bacterias se multiplican dividiéndose, pero no tenía ni idea de cómo madurar.

Su madre había intentado corregir sus manías enseñándole a calcetar, pero ella seguía saliendo por las noches a pintar peces de un solo color sobre los muros y su alma en las vidrieras de la ciudad.

Nadie se había atrevido a tanto.

-¿Puedo pensármelo? -preguntó Cîri intentando contener el borbotón de lagrimas que le provocaba la idea de no volver a pintar lo que sentía.

-Por supuesto, pero recuerda que es la segunda vez que la policía te detiene por deslucimiento de bienes inmuebles. Una vez más e irás a la cárcel.

Mientras volvía a casa buscando un abrazo donde esconderse, no reparó hasta el último instante en el enorme panel de anuncios que yacía sobre el hormigón de la autopista. Un amasijo de planchas y hierros la esperaban con las fauces abiertas. Su vida no pasó como una película por delante de sus ojos, ni sintió el aliento frío de la muerte resbalar por su espalda, ni siquiera intentó frenar. Solo pensó que sería rápido, pues no llevaba puesto el cinturón de seguridad.

Fue entonces cuando la luna gritó al viento y aquel panel se elevó durante unos segundos como una cometa.

La señal había llegado, Cîri, sí tenía cabida en este mundo.

Teoría del beso

16August

-Juan apaga la linterna, por favor, que es muy tarde.

-Es que no puedo dormir tía...

-¿Qué te pasa cielo? -le pregunté sentándome en el borde de la cama.

-Es que pienso en los besos -dijo mientras escondía una sonrisa traviesa tras la almohada.

-Entiendo...pues es una buena razón, los besos son importantes -dije muy seria.

-¿Mola... dar un beso? -preguntó tímidamente.

-Sí, mucho -contesté con calma e intentando no olvidar sus once años de edad.

-A ti, ¿dónde te gusta que te dé besos el tío? -sus emormes ojos azules buscaron una pista entre mis palabras.

-Y ¿a ti?, ¿dónde te gusta que te den besos? -fue todo cuanto pude decirle mientras intentaba esconder mi vergüenza entre cosquillas y risas.

-Creo que me van a gustar los besos en la boca -insistió -. Pero ¿qué se hace con la lengua?

-Juan, ¡por Dios!, estás cosas deberías hablarlas con tu padre -dije intentando escabullirme de nuevo.

-Mi padre no quiere hablar conmigo de eso. Dice que esas cosas se aprenden practicando, como las mates -cogió un donette de chocolate de la mesilla y le dio un mordisco-. Mi amigo Mikel dice que es como hacer una llave de judo con la lengua, mi prima que hay que darle vueltas y mi vecino de arriba que es como mascar chicle. Y claro, hacer todo a la vez es imposible, ¿no? Venga tía, ahora en serio, ¿me enseñas a dar un beso?

-Pero cielo, no existe un método, sólo las ganas -no tardé más de un segundo en arrepentirme de mis palabras.

-¿Las ganas de qué, tía? -se sentó de un respingo.

-Las ganas de darlo.

Suspiró y se dejó caer de espaldas.

-¿Crees que aún tendré que esperar mucho tía?

-Sí, cielo, creo que aún te quedan unos años de sólo imaginarlos. Pero no te preocupes , cuando llegan, vienen por millones. Tantos como estrellas...

Desencuentro

11August

Ella salió una madrugada de cualquier día sin luna, sin dejar huella alguna y decidió coger un tren hacia donde fuera.

Él recogió su mochila, salió sin mirar atrás y caminó hasta la estación, dejando tras cada paso las ganas de volver.

Se miraron a través de las vías de ninguna parte.

Él miró su vestido y pensó “mustia y triste”. Estaba harto de mujeres desvalidas que buscaban en cada hombre un salvador.

Ella miró sus botas de cuero y pensó “chulo y engreído”. Ya no quería hombres que la cuidaran y le dijeran lo que era o no bueno para ella.

Nunca supieron que eran el uno para el otro.

Mi musa y yo

28July

No es que fuera una mala musa, sino que me salió un poco rebelde.

Al principio no era muy útil porque se pasaba todo el día en silencio. Por más que yo le preguntara, ella sólo me miraba. Incluso pensé que estaba estropeada. Pero con el tiempo se volvió cada vez más charlatana y exigente. Me obligó a leer, tuve que aprender a escuchar y estudiar matemáticas.

Mientras tanto, ella encontró un trabajo, se enamoró del jefe y se casaron. Fue entonces cuando consideró que era necesario firmar un nuevo contrato de inspiración, en el cual las nuevas condiciones fueron:

1. Deberás llevar una bolsa de tela siempre contigo y por cada nueva historia que escribas, deberás añadirle un puñado de arena.

2. Realizarás un estudio sobre otros escritores, observarás sus costumbres, criticarás su método y me presentarás unas conclusiones. Por supuesto deben ser razonadas y brillantes.

3. Tendrás ocho horas para dedicarlas al trabajo, sólo porque tienes la mala costumbre de comer. El resto del tiempo, escribirás. Aunque sería conveniente que también escribieses antes de ir a trabajar.

4. Cuando sientas que escribir es como intentar meter a un pulpo en una bolsa de red, cambia de bolígrafo y sigue intentándolo. Tarde o temprano el pulpo se cansará.

5. Coge todas las obras maestras de la literatura y reescríbelas. Por supuesto tienen que ser mejores.

6. Es importante que mantengas una imagen. Tendrás que practicar una mirada penetrante, soñar con la muerte, llorar algo más y ser un poco más obsesivo; aunque siempre con una sonrisa en la cara.

7. Cuando las palabras se retuerzan y te arañen, coge una docena de cabras e intenta atravesar una autopista. Cuando domines a las cabras, dominarás a las palabras.

8. Si te asalta la vanidad, prepararás una infusión de erizo de mar, la cáscara de tres caracoles, una rama de ortiga en flor y la dejarás enfriar a la luz de la luna. No admite ni azúcar ni otros aditivos. Beber a sorbitos.

9. Atenderé tus consultas solamente el último minuto, del último día de la luna llena, cuando una golondrina cruce sin mirar atrás el valle sin destino. Sobra decir que me reservo el derecho a responder o no.

10. Y cuando sepas que la muerte se acerca, escribe más deprisa.

No sé si pueden imaginar , al cabo de seis meses, lo que pesaba esa maldita bolsa de arena, o lo que apestaban las dichosas cabras y ya no hablemos del congelador lleno de pulpos...

La despedí.

¿o es ella la que me echó a mí?

Ma&Ra...&Al&To

17July

14.09.2005

Ola luna mentirosa!

Mañana hago dos meses con mi novio (tengo que dejarle ya, lo que significa que hacía dos mesazos QUE NO NOS VEÍAMOS. TE PARECE NORMAL?? Próxima cita con nuestra psicóloga personal??? Jeje pos dentro de poco¡ XD

Te llamamos (yo, Maya no que es inútil) o por el Messenger!

Besooooo no tires esto! Que quede para el futuro! Jiji ¡xau xau!

Rakel y Maya

LOVING YOU!!

Además de mil fotografías y algún que otro vídeo, estas palabras escritas en un post-it rosa, es de las pocas cosas tangibles que me quedan de Rakel. Maya era su mejor amiga o alma gemela o como me dijo una vez un profesor: “Son dos naranjas perfectas, únicas, completas y juntas hacen un zumo riquísimo”.

Bueno, será mejor que empiece por el principio. El otro día en casa de Ada , la sirena, hablamos de los diferentes modos en que las personas perciben un mismo momento. Pues con su permispo, esta noche quisiera contarles mi versión de uno de esos instantes preciosos, irrepetibles y demasiado breves; la historia de "nosostras".

Debo aclarar que yo sólo era su monitora de gimnasia rítmica y aunque no esté bien eso de hacerse amigo de tus alumnas, para mí fue imposible. No porque no lo intentara, el problema es que en mi camino se cruzaron seres extraordinarios que aunque no tuviesen más de seis, siete o quince años, me marcaron profundamente. A lo mejor, es cierto que en nuestros genes queda registrada la sabiduría de todas nuestras vidas anteriores; si es así, éste fue uno de esos casos.

No sé como llegaron a estar juntas, pero una vez conseguí un equipo perfecto. Reconozco que no fue porque me dejaran enseñarles algo, sino por su inmenso corazón. Siempre pensé que eran demasiado pequeñas para sus vidas tan complejas, pero a pesar de todo nadie las ganaba a entusiasmo y voluntad. Me llamaban, me esperaban, me rogaban, me regalaban y yo sólo sabía decirles: “otra vez, pero ahora, a cámara lenta”. Una y otra vez repetían cada elemento, despacio, sutiles y preciosas. Perfectas. Pero yo volvía a decir: “una vez más”

Paso a paso, pirueta tras pirueta, lesión tras lesión nos fuimos haciendo cómplices. De verdad que quise evitarlo, ¡lo juro!, se oyen cosas tan raras en la televisión y los padres te miran siempre con tanta desconfianza, que no puedes evitar reflexionar sobre la línea que separa lo correcto de lo irrazonable.

En fin, a pesar de mis miedos, fueron creciendo y ganando independencia. Pero en lugar de alejarse como las demás, se zambulleron en mi vida con todas sus consecuencias. Lo bueno de los amigos es que cuentas con ellos para todo y lo mismo nos pasó a "nosotras". Sus problemas se convirtieron en los míos y ellas hicieron todo lo posible por conocer mis escondites. ¡Sí! ¡Éramos tremendamente cotillas! Es cierto que yo también las metí en unos cuantos enredos, sin embargo no cejaron en seguirme hasta el infierno. Cómo no quererlas, ¿no?

A una de ellas se la llevó el amor, a Rakel nos la robó Dios , Maya y Albichuela siguen a mi lado. Yo las vigilo, y como "el guardián entre el centeno", confabulo con el universo para que la suerte siempre vaya a su favor. Dios sabe que nos debe una.

Pero Rakel & Maya siempre destacaron por encima de todos nosostros. A lo mejor porque nunca dejaron de soñar y claro...eso une mucho. Las recuerdo siempre juntas y cuando no lo estaban, hablaban la una de la otra, todo el tiempo. Lo mejor era la capacidad que tenían para reírse de sus penas. Supongo que eso fue lo que me ató inexorablemente a sus vidas, porque mientras ellas lo hacían de forma natural, yo aprendía humildemente de su ejemplo. Nunca he vuelto a ver a Maya reírse de ese modo.

Cuando terminaron el colegio y dejaron de bailar para mí, empezaron los mensajes a medianoche en el Messenger, llegaron las llamadas desde la playa y el camping de madrugada. Los campeonatos de body, los disfraces y los novios. Las navidades, los cumpleaños y la palabra “siempre” se volvió real. Por supuesto todo debía quedar registrado en vídeo o fotografía para reirnos en el futuro... No sé si pueden imaginarse el privilegio que fue poder ser testigo de todo eso y compartirlo.

No sé si se pueden imaginar lo que sentí cuando mi valiente Albichuela me llamó para decirme lo que había pasado.

Cuando te cuentan algo así, pensaba que uno se volvería loco de pena o de furia o algo parecido, pero no fue lo que ocurrió. El tiempo se detiene, el corazón se para y te niegas a creerlo. ¿Cómo podía haberle pasado algo tan horrible? Era imposible. No sería justo...

Pero entonces ves a Maya sola y rota; y la realidad te golpea sin piedad. Después, viene todo junto, el dolor te deja sin aliento y cambiarías tu vida por la de ella, una y mil veces. No es que crea que valgo poco, es sólo que ella era imprescindible. Y sí, a pesar de todas las excusas que se puedan inventar, creo que Dios cometió un error imperdonable ese día.

Todos cuantos la conocimos guardamos una parte de ella. Yo me quedo con la música si no les importa. Las dos éramos cazadoras insaciables de melodías perfectas que nos regalábamos esperando sorprendernos. Y por Dios que esa niña, siempre lo conseguía. También añoro su voz cantarina y sus viajes, incluso sus piercing .... su fe ciega en mí.

He vuelto muchas veces a su playa y lloro y me río y le lanzo desde los acantilados un cd de música con mis últimos descubrimientos, sé que puede parecerles tonto, pero para mí es muy importante, es el unico modo que conozco de retenerla un poco más. Y espero....y un destello atraviesa las olas y me encharca el alma.

Sé que debo ser optimista, aunque sea por Maya, por Albichuela y por aquellos que no quieren olvidarla, pero esta noche permítanme echarla muchísimo de menos...por favor.

¿Qué fue de nosotras después de aquello?

Seguimos juntas. Albichuela y yo conservamos a nuestros amigos o almas gemelas o como quieran llamarlo e intentamos vivir cada día como si fuera el último. Maya está bien, ha encontrado otras naranjas (aunque de otra clase) y todavía permite que le cubramos las espaldas.

El próximo domingo Maya , Albichuela y yo iremos a pasar el día con "ella" a su playa. Pero no lloraremos, porque si hay algo que sabemos hacer es reírnos de nuestras penas y recordar, únicamente, lo mejor de "nosotras".

LOVING YOU!!!

Guapa de Diego Torres

Un día perfecto (1) - Maya

16July

Cuando comprendí que mi memoria sólo era capaz de recordar las emociones, mi forma de ver y escuchar a las personas que configuraban mi mundo, cambió. No porque me diera vergüenza olvidar sus nombres o donde nos habíamos conocido, sino porque aprendí que cuando alguien olvida lo bueno de ti, es como si uno de los hilos que te sostienen en pie se rompiese; a veces es mejor y lo que se rompe no es un hilo sino una cadena, pero otras, lastima y se convierte en un pequeño vacío por el que caes todos los días.

Para no olvidar, rebusqué entre sus disfraces y sin darme cuenta aprendí a reconocer el color de su mirada, a elegir un perfume para cada tipo de abrazos y a dibujar sus sueños sobre las paredes de mi habitación imaginando los secretos que escondían detrás de la luna.

Pero una vez encontré en el mundo, un paraíso imaginado. No me hizo falta inventarles un nuevo nombre a sus habitantes, ni jugar al escondite, ni siquiera fue necesario mentir porque allí puedes ser lo que quieras.

Las alas de Maya son como una noche estrellada, de esas en que parece que no cabe ni una más; huele como el océano cuando se despereza por la mañana y a veces, cuando la miro de reojo y la veo sonreír, estoy segura de que los dioses duermen más tranquilos, pues la esperanza todavía tiene cabida en este mundo.

Cuando llego a su casa siempre me espera la puerta abierta, como si llegase alguien en quien se confía. Se me encoge el corazón. Al pasar por el salón, la pantalla del ordenador y los libros apilados alrededor del sofá me suplican que les devuelva pronto a su sirena, pero Maya irrumpe en el pasillo y los olvido. Intento que en mi abrazo sienta cuanto la quiero. Ada me recibe en la cocina, su cola está rota pero una mirada traviesa me da una pista de que todo va bien, su sonrisa serena y un abrazo con sabor a vainilla me envuelven con dulzura. Besos para los abuelos y Coco llega con ganas de hacernos felices.

Maya nos observa atentamente, se revuelve en la silla, sus alas tropiezan contra el suelo. Enreda sus pies bajo la mesa, como cuando era bailarina y rezo en silencio para que nunca olvide lo mejor de mí. Sus ojos bailan entre las frases que sus ángeles de la guarda y yo intentamos hilar entre risas, té y pastas.

Ada me lee el pensamiento y me sonrojo. No sé cuantas vidas deberé vivir para ser una sirena y no puedo imaginar cuanto debe doler, pero su mundo me confirma que lo increíble es posible. Intento no entretenerla mucho, a una sirena no se la puede molestar con tonterías, así que cada vez que me habla intento tatuar en mi piel cada emoción. Pero cuando llega la hora de irme busco rápidamente, alguna excusa para tener que volver, no es que haga falta, la puerta siempre está abierta, pero por si acaso.

Son las cinco, salgo volando hacia el arco iris...

Un día perfecto (2) - Campanilla y otros duendes

16July

Lo mejor de la semana son las visitas a los amigos. Me limpio las rodillas, sacudo mis plumas y lleno mis bolsillos de chocolate para ellos. No es que quiera engatusarles, realmente me gustaría concederles todos sus deseos y aunque pueda hacerlo, lo malo de los sueños es que no dependen de los dioses ni de mí, hay que trabajárselos.

Muy lejos, detrás del bosque sin destino, viven Bías y su esposa Calpurnia. Junto a ellos crecen sus dos hijas, Campanilla y Mina. Mientras me acerco entre las enredaderas hasta su jardín, me estiro el vestido y detengo el tiempo. Bías está en el huerto, vigilando sus plantas mágicas. Cuando me ve, camina hacia mí apoyado en su báculo y me regala un abrazo de color azul cielo. Campanilla llega a saltitos, sus alas todavía no tienen suficiente fuerza para sostenerla, después de un beso con sabor a fresa, revolotea a mí alrededor buscando sus galletas de chocolate.

Bías que es muy listo, desaparece. Calpurnia me abre la puerta de par en par, ofreciéndome todos los colores del arco iris. El verde, el azul, el naranja y mucho rosa bailan a mí alrededor. La casa huele a lilas y a bizcocho recién hecho. Hoy, todo está en silencio, he llegado pronto y la pequeña Mina todavía duerme la siesta.

Pero como siempre Campanilla me busca y me persigue, todavía no he aprendido a abrazarla fuerte, sin embargo ella ya sabe que siempre seré su mejor aliada y cuando me mira, buscando mi complicidad, el alma me estalla de júbilo. Calpurnia va a buscar a Mina y nos vamos a comprar víveres al mercado. Mientras atravesamos el valle me cuenta lo mejor y lo peor de la semana, yo hago más de lo mismo y nos reímos porque a pesar de todo, nos sentimos indestructibles.

Campanilla descubre a un unicornio y se monta sin pensar sobre él, pero no se aleja mucho, los poderes de Calpurnia la mantienen muy cerca de nosotras. De regreso, se queja de lo corto que ha sido el paseo y su madre la consuela con un beso con sabor al viento que te revuelve el pelo cuando galopas entre las nubes. Cuando llegamos a casa, Campanilla y yo jugamos a la cuerda, a los deberes y a las cartas. Por supuesto me gana y otra vez me mira con sus ojos color de otoño y ruego porque no olvide lo mejor de mí.

Por fin, después de varios besos, Campanilla me concede un instante para abrazar a Mina. Bías pasa por la cocina y mira aterrorizado mis malabares con la pequeña. Ella todavía no me conoce y tengo miedo de que no le guste el chocolate, pero cuando aprenda a soñar, prometo regalarle unas alas perfectas.

El crepúsculo se acerca, Calpurnia y Bías charlan en la cocina. Las niñas y yo nos alejamos hacia la laguna. Campanilla juega a salpicarnos y los gritos alertan a las ninfas que no dudan en acercarse y unirse a la travesura. El sol viene a despedirse y regresamos antes de que se oculte.

Después de la cena Bías le cuenta una fábula a Campanilla y Calpurnia canta una canción de cuna para Mina. De nuevo pongo en marcha el tiempo.

El reloj de la cocina me avisa de que la luna va a salir, me despido por primera vez, pero Bías me anima a quedarme y es Calpurnia quien decide retirarse. Respiro hondo y me preparo para una charla con Bías. Intento ser lista pero es difícil. Creo que todavía no he explicado que es uno de los siete sabios de la antigua Grecia, tiene más de mil años y se ganó la inmortalidad después de muchas vidas pías y justas. Por lo cual, cada vez que se sienta ante mí y me mira a través de su monóculo, me siento realmente abrumada.

Lo peor es cuando me marcho y me doy cuenta de que la única que ha hablado he sido yo. Pero aunque él no diga nada, siempre consigue llevarme hasta la respuesta que estaba buscando a pesar de que ya he olvidado la pregunta.

Un día perfecto (3) - Lo mejor está por llegar

16July

Son las tres de la mañana y me detengo junto a la orilla del mar. Hay un viejo banco de madera en el que me gusta apoyarme cuando paseo junto a Avi. Necesito dar las gracias por todo lo bueno que me ha traído el día. Pienso en sirenas de cola rota y ángeles con alas demasiado pesadas, me pregunto qué escondía Bías tras sus silencios e intento recordar todo lo que he aprendido. Algo de humildad, un poco de paciencia y mucho de no hacer daño.

Han transcurrido doce horas y es como si no hubiesen pasado más de dos. Las buenas conversaciones siempre me saben a poco.

La luna creciente apenas se asoma entre las estrellas y un escalofrío me recorre la espalda cuando pienso que lo mejor aún está por llegar. Mi loco corazón todavía grita pero la brisa refresca las emociones y me dirijo a casa.

Todo está en silencio, pero aunque intento no hacer ruido, él siempre se despierta. Me riñe por llegar tan tarde y me pregunta si me divertí. “Mucho”, le respondo. Me regala un largo beso y me da las buenas noches.

Abrazo la almohada y apoyo mi frente en su espalda. Mañana, prometo dejarme de cuentos y volver a la realidad.

El sueño llega, abro las alas y me dejo caer. El paseo es largo, pero hasta que no he recorrido todos mis paraísos imaginados y me aseguro de que todo está bien, no puedo ir a colorear mi próxima historia.

Dique para una estrella fugaz

14June

-No podemos escapar a la voluntad de Dios.

Aquella sentencia me pareció un débil consuelo, y le pregunté qué quería decir.

-Que no tenemos elección.

No sé cuanto tiempo pasó, pero sólo cuando dejé de oír los llantos a mí alrededor abrí los ojos. Ya era de noche. Pero sentí que no estaba sola.

Una joven me miraba desde el fondo de la habitación. Imaginé que era una enfermera.

-Por favor márchate, no necesito que te quedes.

-No puedo irme sin ti, lo siento -la joven se acercó y se sentó en el borde de mi cama.

-¿Nos conocemos? -le pregunté.

-Sí, no es la primera vez que nos vemos.

-Lo siento no te recuerdo. Es extraño porque hoy no dejo de recordar cosas en las que ya no pensaba desde hace muchos años. ¿Está nevando?

-Sí.

-¿Te importaría abrir la ventana?. Cuando era niña me gustaba mirar hacia el cielo y ver caer la nieve hasta marearme. Entonces, me dejaba ir hacia atrás, cerraba los ojos y cuando los abría de nuevo, los copos brillaban aún más, era como si lloviesen estrellas fugaces.

-Es un recuerdo hermoso -dijo la joven con una sonrisa.

-Hoy ha venido un cura a darme los últimos sacramentos, no es que yo crea mucho en esas cosas, pero ya sabes... por si acaso. Sin embargo, más que tranquilizador fue frustrante.

-¿Por qué? -me preguntó la joven.

-Porque pensaba que la vida era caprichosa, pero me ha hecho pensar que a lo mejor el caprichoso es Dios. Si es cierto que nunca he tenido elección, de qué ha servido esforzarse tanto para que las cosas cambiaran.

-¿Qué esperabas cambiar? -me preguntó la joven.

"Miré hacia la ventana y cien instantes volvieron del pasado. No, realmente no quería cambiar nada, tampoco a las personas que configuraron cada uno de esos momentos preciosos. Me gustaría que sus vidas hubiesen sido más fáciles, pero todas sus sonrisas, cada una de sus palabras, todos los abrazos fueron imprescindibles. Sin embargo, tengo la sensación de haberme pasado la vida reconstruyendo diques, conteniendo lo incontenible, intentando mantener el frágil equilibrio entre la cordura y la locura."

-A mí, supongo. Me hubiese gustado ser de otro modo, con una vida sencilla, de esas que parece que no necesitan corazón, quizás así , el mío no se me hubiese quebrado tan amenudo. A lo mejor es que me lo merecía, ya que muchas veces me he culpado de ser dañina para los que amo... pero si nunca he tenido elección, que cruel por parte de Dios usarme de ese modo, ¿no te parece?

-A lo mejor era lo mejor para todos -dijo la joven.

-Pues espero que Dios se acuerde de decirles que fue culpa suya. Dirás que es una tontería, pero ¿tú crees en el infierno?

-No -contestó la joven

-Pues yo pienso mucho en ello últimamente, creo que me sentiría sola y por mucha tortura que fuese estar allí, lo peor sería estar sin aquellos que me ayudaron a vivir.

-Yo también lo creo -dijo la joven.

-Creo que estás aquí por eso ¿verdad? ¿ha llegado el momento?

-Sí.

-¿Sabes a donde vamos?

-Un poco más allá de la luna.

-¿Hay alguien esperándome?

-Sí.

Y la estrellas comenzaron a caer...

La muñeca de trapo

12June

Y la muñeca de trapo pidió tres deseos:

-Escóndeme detrás de la luna.

Cuando sintió el frío entre los hilos de su espalda y la oscuridad ocultó su rostro, pidió el segundo:

-Levanta veinte muros alrededor de mi memoria y ocúltala en el océano más profundo

Pero quiso asegurarse, así que rogó:

-Arráncame el corazón.

***

17January

Lo malo de las claraboyas es que sólo te dejan ver un trocito del cielo, así que Inés tomó por costumbre trepar al tejado para ver la luna. Bajo su reflejo y encaramada sobre la pizarra negra, observaba a través de las ventanas del mundo e inventaba vidas felices. La verdad no sabía si esas personas ya lo eran, pero lo hacía, por si acaso.

Esa noche de julio, subió para no olvidar. Buscó en las heridas de su memoria, cerró los ojos y se dejó llevar. Todos los secretos, las canciones, los mensajes en la arena, el maquillaje barato y los tacones regresaron de golpe.

Pero sus recuerdos siempre terminaban en una curva del camino a la playa.



Lo más difícil había sido reinventarse.

Una nueva amiga, una sonrisa aquí y otra allí bastaron para que nadie dudase de que todo hubiera pasado ya. Era mejor así, estaba más tranquila.

Buscó en su bolsillo la pulsera, pero junto a ella había una tiza. Fue inevitable ponerse a pintar.

- Una por ti, otra para ti y esta...para cuando te vuelva a ver.

Mientras decenas de flores brotaban a su alrededor, le hablaba a la luna, que aunque aquella noche estaba llena de charcos, brillaba como nunca.

Un mensaje entró en el móvil. Respiró profundo y regresó a su habitación.

Mientras encendía el ordenador pensó que lo malo de volver a empezar es que te obliga a cambiar a la fuerza, pero lo bueno es que te permite hacer unos arreglitos y ser mejor.

A la mañana siguiente, cuando bajó para ir a clase particular, no podía creer lo que pasaba, miles de flores blancas caían del cielo. Se quedó quieta imaginando una explicación y deseando que no terminara nunca.

Fue entonces cuando la brisa de levantó haciéndolas bailar a su alrededor.

*

20December

- Hola abuela....¿cómo estás?- le pregunté mientras la abrazaba todo lo fuerte que ella podía soportar.

- Hola guapa-, me dijo sonriendo.

Me senté en el borde de la cama y pregunté de nuevo:
- ¿Cómo estás?

- Estoy bien, gracias.

Alargó la mano y me apartó el pelo de delante de los ojos, como siempre. Cogió una orquilla de la mesilla y me la dio.

- Póntela que no te veo los ojos.

Me la puse con un gesto cotidiano.
- Mira abuela te traje margaritas blancas, son las que te gustan , ¿no?.

- A mi me gustan todas.



Miró a mi madre.

- ¿Me puede traer agua, por favor?, tengo sed.

Yo me eché a reir.

- Abuela , ¿tratas de usted a tu hija?

- No es mi hija, es la enfermera que me cuida.

- Abuela , ¿quién soy yo?- le pregunté con un nudo en la garganta.

- Pues...ahora no caigo.

El día que mi abuela me olvidó se borraron los primeros cuentos, los bocadillos en el parque, los vestidos de lazos y mi bicicleta rosa.

Ej. 5

6December

Tengo que reconocer que aunque no la mereciera llegó a ser lo mejor de mí. Tardé años en darme cuenta de lo que tenía a mi lado, pero una vez que lo hice, me convertí en su sombra.

Pero ella era independiente hasta de mí y aunque me duela, llegó a formar parte de la vida de muchas personas. Las mujeres aguardaban en la puerta por si pasaba por allí para invitarla a comer, los niños la iban a buscar para jugar en la playa... ¡era la mejor haciendo túneles hacia el centro de la tierra! Los viejos la esperaban para dar el último paseo al atardecer. No le importaba ni el aspecto ni el contexto, era valiente para ser libre y para disfrutar. Disfrutó tanto, que volvió embarazada. ¡Dos veces!

La verdad no me importó mucho.

Aún así, siempre se mantuvo fiel a lo nuestro. Mi mundo cambiaba, pero ella permanecía. Le debo unas cuantas cosas, pero la mejor fue que me escogiera y que estuviese a mi lado, por que sí.

Se sentaba tranquilamente en el salón viendo pasar a los hombres de mi vida, todos intentaban ganársela, pero ella me miraba y me guiñaba un ojo.

Éste... tampoco.

Una vez creo que incluso me salvó la vida.

Pero cuando murió nadie entendió tanta pena. Sólo se trataba de un perro. Tampoco comprenden que sus cenizas sigan a mi lado.

Es que tengo miedo de olvidar.

Ej.2: Mi jardín de margaritas

4November

Mi jardín de margaritas

El sendero de las colmenas era un camino ya recorrido muchas veces. Pero la pequeña casa de piedra entre los olivos, las enredaderas abrazando las ventanas y las matas de amapolas rojas, le parecieron distintas. Las hojas plateadas ya no cantaban. Las adormideras miraban hacia otro lado. La hiedra ocultaba celosamente los cerrojos.

Cuando entró en la casa no hubo forma de pararlo, una tempestad se desató en su cabeza. Paredes cubiertas de fotos lo miraban desvistiendo su calma, todos los fantasmas exigieron su atención
Pensó en el cielo y también en el infierno. Finalmente lo había hecho, había roto su promesa. Su maldita moralidad no había servido para nada, sólo era una mentira más. Recordaba las palabras que Violeta le había repetido en muchas ocasiones:

- Tranquilo Mario, no me lanzaré al abismo…es pecado y no quiero ir al infierno.

La primera vez que la confesó no dio crédito a las palabras de aquella joven. Pensó que estaba loca. Pero domingo tras domingo, a lo largo de los años, las súplicas de aquella joven eran tan sentidas, era tal su desasosiego que tuvo que creer.

Hay personas que hablan con Dios, otros tienen a su conciencia...pero a Violeta, la Muerte es quien le murmuraba al oído.

Cada día podía escucharla: hoy es un buen día para morir, ¿no te parece, Violeta? Ella siempre rezaba mucho para no escucharla.

La Muerte trazó un plan para minar su voluntad. No, no se trató de llevarse todo cuanto amaba, fue mucho más creativa. Le regaló a Violeta la capacidad de sentir las mentiras que las personas esconden tras su verdad. Funcionó. La hirió de muerte.

Violeta aprendió demasiado pronto que las cosas nunca son como parecen. Esto la hizo especialmente sensible a las heridas de los demás. Los agravios, los vacíos, el silencio…. se convirtieron en su sombra. Vivir, sentir, era morir. Tuvo que esconderse del mundo. Practicó mucho hasta que aprendió a no dejar que las personas se acercaran demasiado.

Descubrió que a veces durante un segundo, a veces dos, la Muerte la olvidaba.

Se preguntó cómo recordar, cómo no olvidar.

Con su cámara de fotos empezó a robarle los momentos perfectos de su vida. Primero fue un álbum. Después fueron diez. Pero los álbumes pesaban y no podía ver todo a la vez. Entonces decidió usar una pared de su casa, pero también dejó de ser suficiente. Con los años cubrió los muros de instantes preciosos. Una mirada de su esposo, la luna creciente, los reencuentros, los cumpleaños, una gota de lluvia, las abejas y los amigos. Lo llamaba, “mi jardín de margaritas”

Pero hace unos días se dio cuenta que ya no quedaba nadie… sólo permanecían sus fotos. Esta vez ni siquiera el consuelo de su confidente pudo evitarlo.

Fue un día perfecto para morir.