Luna mentirosa

¿De qué tienes miedo? De ti, de mí sin ti (La mecánica de corazón – Mathias Malzieu)

De estrellas y de nieve

-Cuando amas eres completamente vulnerable -dijo su madre.
-Entonces, no amaré.

Recogió su ramillete de cicatrices, escondió su corazón entre la nieve y soñó con ser una chica mala.

Por la mañana se vestía de escarcha y hielo, pero los que la miraban sólo veían una niña disfrazada de azúcar glaseado.
Por la tarde levantaba muros de cristal pero se olvidó del cielo y llegó la luna.
Por la noche sacaba su paraguas y cerraba los ojos, pero las estrellas se colaron y las heridas desaparecieron bajo un traje de lentejuelas, y la flor de invierno olvidó su promesa.

Diciembre era un buen lugar para vivir, pero el tiempo siempre pasa y el amor se impone.

-Pero las estrellas también se mueren -dijo su madre.

Cuando descubres que es verdad, ya es demasiado tarde para huir de ellas porque tu corazón de escarcha se ha derretido y ya no sabes vivir sin sus abrazos de verano.
Entonces la estRella se muere. Y aunque sabes que no tenías otro derecho más que mirarla, durante un tiempo, de ti, sólo queda un copo de nieve perdido en la ventisca.

Pero un día otra estrella decide instalarse bajo la piel. Y la sientes tratando de buscar un espacio en tu mundo. Y escuchas su latido por primera vez. Y ya no te acuerdas del miedo, ni del viento, ni de ti y suplicas una nueva oportunidad para ser vulnerable.

Diciembre era un buen lugar donde esconderse pero me trasladaré a agosto, cuando nacen las estrellas.

 

Flor de invierno

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Esta noche quemaré mi vida

Esta es la noche del día en que sumé todas las pérdidas y el resultado se quedó en un sendero de flores marchitas que ya no quiero volver a transitar.

Ésta no será una noche más entre tus alas, esta vez no será tu voz la que me guíe, esta noche una corazonada me empuja hacia el cielo.

Hoy, una noche en blanco y negro, espantaré las penas y llenaré de estrellas todas mis ventanas; y como la luna, me cubriré de sueños recién dibujados.

Este es un nuevo viaje y con la sonrisa por delante, volveré a empezar.

 

 

 

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Una vieja historia

Llegó el primero, con las ideas claras, con ganas de llevarme al edén; pero apenas nos conocíamos y sus planes se desvanecieron entre las sombras de mi lado oscuro.

En un principio no pude evitar dejarme llevar por su entusiasmo… Era tan encantador, tan locuaz, tan bello… siempre tratando de complacerme a pesar de los avatares de mi caprichosa inspiración.

Recuerdo que me gustaba arrastrarlo por el teclado en busca de la palabra adecuada, del instante preciso, de la emoción más oportuna, del modo apropiado de llegar a un final feliz.

Sin embargo y a pesar de mis esfuerzos, él no dejaba de repetirme que no era suficiente, que se sentía fuera de lugar, y llegaron el silencio, las trincheras y todo se hizo más difícil. Quizás el problema estuvo en que perdimos el control.

Por mi parte, reconozco que no estuve a la altura, que no supe encontrar la manera de darle sentido, y el hilo conductor se enredó y se rompió.

Entonces busqué a otro, alguien más práctico, que no soñara tanto, que no esperara tanto de mí.

Y los encontré. Ellos y ellas, más humildes, de pocas palabras y sin pretensiones, aliviados de que nuestro tiempo sólo durase un instante.

Pero es inútil, nuestra historia es vieja y él no es un personaje más. Una vez más vuelvo a rescatarlo de la papelera de reciclaje con la esperanza de encontrar algún día su camino entre mis letras.

De nuevo, el protagonista de una historia que no termina, me mira con nostalgia desde el borde de la pantalla, como si yo fuera una luna que nunca alcanzará.

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Los domingos

Algunos creen que el domingo por la mañana le gusta dormir hasta tarde, otros dicen que simplemente desaparece entre sus cuentos; pero como con la luna las cosas son más sencillas y los domingos por la mañana acostumbra a limpiar el suelo de su casa.
A diferencia del resto de los días, lo hace a primera hora, cuando los ángeles de la guarda se van a dormir y el aire de la mañana aún huele a estrellas. Así, acompañada del silencio, coge su cubo y su fregona, y recorre las baldosas hacia atrás.

Su abuela insistía en que lo hiciera desde el fondo de la casa hacia la puerta principal, de espaldas, repasando bien las esquinas porque es allí donde se esconden los malos espíritus. Una vez terminada la tarea debía lanzar el agua lo más lejos posible, sin salpicarse los pies.

Pero con el tiempo los malos espíritus se rindieron ante tanta higiene y sólo quedó un tiempo dedicado a ver debajo de la piel, más allá de las excusas repetidas.
Desde atrás revisa los rincones de su memoria, repasa cada pregunta sin contestar y las devuelve a su silencio, con cuidado de no llegar a lo profundo, donde la vida duele como un puñal, donde nada tiene solución.
Busca la cordura en las orillas más alejadas de su corazón porque allí sólo hay arenas movedizas y podría perderse para siempre en un mar de falsas esperanzas.
Se consuela pensando que tal vez, ceder o perder no sea importante para la historia si lo imprescindible se mantiene firme a tu lado.

Al fin, cuando el agua turbia estalla sobre el asfalto, un profundo suspiro la devuelve a la más absoluta quietud y tranquilamente espera volver a empezar en un lunes que ya se anuncia lleno de posibilidades.

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Tragedias

Desde la puerta, las tres lo miramos con empatía.
Los síntomas eran claros: una ventana que llora, la habitación a media luz, el corazón arrugado, el mp3 rayando la misma canción, niebla en los ojos, pérdida de la razón, la voz agonizante, falta de apetito y una mano aferrada a una botella de Dalsy.
El diagnóstico fue evidente. Estaba enfermo de amor.

El mapa de tragedias se desplegó.
Que ya no era tan “amable” como antes… Que se había hecho novia de otro… -¡Menos mal que sólo fueron dos días… si no me muero!-
Que le escribió un poema. -Bueno… lo copié de Internet-; y que, ella, en un acto de traición,  se lo entregó a sus amigas y todas se rieron de él.

Ahora, en el instituto, se burlan de su amor llamándole “poeta”…

Las tres estuvimos de acuerdo en que el caso requería de toda nuestra atención.
Descolgamos los relojes, apagamos los móviles y aplicamos los remedios ancestrales que los corazones rotos se transmiten de generación en generación: un poco de idealismo para tratar de definir la enfermedad en cuestión, algo de retórica para sostener las sinrazones de las emociones, un nuevo relleno para los espacios vacíos, dos pilares nuevos para una barbilla amoratada, un ratito en la montaña rusa de la esperanza bordeando la utopía; y por supuesto, “peli”  y pizza para cenar.

Una semana después supimos, que aquella niña, de nuevo le buscaba en el recreo esperando escuchar un verso al oído.

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Expectativa laboral

Quién pudiera ser bandida.
Tan imperfecta como un chaparrón en una tarde de verano, con viento en las venas y cuentos de hadas en la cabeza.

Vivir peligrosamente, sin otro anhelo que perseguir el ocaso, en caída libre, con el corazón a salvo tras un muro de soledad.

Rescatando a la luna cuando pierde la cabeza y se lanza al abismo, harta de tanto deseo y tan poca iniciativa.

Trazando estrategias de defensa contra fuegos artificiales y estrellas fugaces. Planeando una noche salvaje en la que poner al día cicatrices y despedidas.

Pero sólo sería un trabajo temporal, tarde o temprano la bandida asaltará tu piel en busca de un contrato indefinido.

Modelo: Senia
Foto: JJG Meizoso

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El camino

A veces le gustaba marcharse para darse cuenta que estaba en el lugar apropiado.
Al principio, como no sabía explicar su necesidad de desaparecer, simplemente decía que “se iba a hacer el Camino…”. Pero con los años siguió sin encontrar el modo de explicarlo, así que en su mochila, sus mudas aprendieron a compartir espacio con ofrendas y deseos.

1 vela para el hijo de la Sra. Carmen, para que apruebe las oposiciones para la Xunta.
Un dibujo de cometas de colores para que las pesadillas no vuelvan a colarse en la almohada de Hugo.
1 vela por el marido de Julia, la de la carnicería, para que encuentre el camino al cielo.
Comprar 1 garrafa de agua bendita a la abuela, para lavar los marcos y espantar a las meigas.
Entregar la piedra favorita de Martín a cambio de aprobar las mates en verano.
1 padre nuestro por la hija de Muchita, para que encuentre un amor que le dure y que no duela.
1 rosario nuevo para la tía Fina que el suyo se lo regaló a su nieta el día de su boda y sin él no reza igual.
1 vela por el juanete de madrina.
1 vela por las hijas del Sr. Juan para que no se olviden de invitarle los domingos a comer.
Entregar la sortija de diamantes que venía en la caja de cereales para que a Iria le toque sentarse con Dani en clase.

Con dirección al sol se adentraba en el bosque en busca de un lugar especial donde los pájaros volasen bajito y despacito. Un lugar en que las arañas sólo quieren una vida sencilla y el agua del arroyo está tan fría que hasta las ranas se ponen de color azul.

Cuando lo encontraba, se daba un baño fresquito, rellenaba las garrafas del año pasado y viendo a las estrellas jugar al escondite entre las nubes, esperaba a que llegaran las primeras luces del día.

Entonces cuando el cielo se ponía a la vista entregaba su hoja de papel al viento y esperaba a que cuatro velas, un padre nuestro y una piedra se convirtieran en una mañana soleada, de esas en las que algo te dice que todo irá bien.

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Cuando Senia descubrió sus poderes mágicos

Es verdad, es fácil encontrar hadas, sólo hay que seguir el hilo. Pero para encontrar a Senia la cosa cambia.

Por su nombre se rumorea que podría ser de Armenia, pero nada más lejos de la verdad. Sabemos por algunos testigos que la trajo una cigüeña desde el mismo cielo.

Algunos cuentan que creció entre gardenias y poemas pero los viejos del lugar saben que la cosa no fue tan sencilla.

Es imposible no quererla.

Brillante como una estrella fugaz corre, salta y trepa por entre tus pesadillas cambiándolas por  besos fresquitos. Coqueta como una mariposa revolotea buscando la tristeza para regalarle una pulsera de cuentas de colores; como un relámpago azul es capaz de hacer temblar hasta el corazón más frío.

Una vez le pidió a su madre que la hiciera invisible pero en su lugar tejió para ella un disfraz de campeona y Senia nunca más volvió a perderse entre deseos inútiles.

Ahora, cuando termina los deberes, coge sus canicas, se pone su disfraz y sale a darle patadas a los abusones, a morder a los que abandonan animales y a arañar a los que tienen miedo de la palabra “siempre”.

Son muchos los que la persiguen para robarle su disfraz, casi todos quisieran sujetarla entre las palmas de la mano  pero ella siempre desaparece con mucha destreza por la orilla de la luna.

http://everythingbyhand.blogspot.com/

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Hay días …

Hay días que se me cae la luna y me busco a tientas entre los escombros.

Hay días que me aferro a esta pluma como un naufrago y bailo entre las líneas de mi cuaderno hasta perderme en la sana locura.

Hay días que las pérdidas ahogan las letras y con un solo golpe de mi goma devuelvo a Dios al mismo cielo y me traslado definitivamente al infierno harta de fingir que no me importa.

Y es que hay días que creo oír mi nombre, pero solo es la soledad que como cada noche ha salido hacer su ronda y toca todas las puertas…sin olvidarse de nadie, ni siquiera de ti.

 

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Madre

Ella era una perdedora.

Nunca tenía tiempo para sonreír, siempre ocupada hilvanando vestidos para muñecas que querían ser princesas, zurciendo abrazos rotos aquí y allí pero nunca a mí alrededor, sin darse cuenta de que yo sólo quería que me cosiera bien fuerte en su borde.

Cuando el sol se asomaba por el balcón del horizonte me enviaba a comprar una botella de whisky para la comida y, mientras caía la tarde, me escondía bajo las mantas para no oír saltar los corchetes que sujetaban su pena.

A veces la buscaba entre los pespuntes de sus dedos pero ella escondía las manos recordándome que, si yo no estuviese allí, todo sería de otro color.

Lo peor ha llegado ahora. Se ha hecho mayor y no quiero que se muera sin haberle bordado un beso en el corazón.


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